Conociendo más a los árboles: raíces y trasplantes

Cuidados jardín

El invierno es un buen momento para realizar tareas que afecten a las raíces. A finales de otoño se van a descansar de todo el esfuerzo realizado durante el resto del año. Ellas son las encargadas de levantarse a finales de invierno y de preparar el desayuno para el resto de los componentes de la planta. Las citoquininas, unas hormonas producidas en las yemas radiculares, son las que inician toda la producción de hojas que anuncian la llegada de la primavera. Mientras la planta descansa y sus raíces reponen fuerzas es un buen momento para la realización de los trasplantes.

Debemos diferenciar entre el trasplante de la planta arbustiva, de pequeño volumen y relativa facilidad, del que se efectúa en los árboles, que suele comportar mucho más esfuerzo y recursos. Entre estos últimos podemos, además, abrir un capítulo especial para los realizados en grandes ejemplares de valor singular.

Una primera cuestión para tener en cuenta es que las raíces funcionan sobre todo por adaptación; sólo en terrenos ideales y de gran profundidad se posibilita el desarrollo de la genética de cada especie. Durante toda la vida de un árbol sus raíces crecen buscando las posibilidades del terreno. En este aspecto son muy importantes las raíces exploradoras, que a partir de su éxito desarrollarán las raíces absorbentes, las de transporte y las de sostenimiento o anclaje que además funcionan como almacén de reservas.

 

Aire y agua son los dos elementos que una raíz busca y que influirán en la extensión y forma de éstas. Las raíces necesitan respirar y muy a menudo matamos los árboles por exceso de agua más que por su defecto. Para destruir otro mito, decir que el 90% de las raíces de un árbol se desarrollan en el primer metro de profundidad. Son, por tanto, mucho más horizontales y superficiales de lo que habitualmente pensamos o las representamos fuera de un ámbito profesional. Las raíces además son grandes almacenes de sustancias de reserva y sirven para establecer ayuda física y química entre individuos de la misma especie. En este sentido se habla recientemente de una verdadera comunicación.

Como todos los seres vivos, las plantas cuando son jóvenes tienen mucha más capacidad de adaptación, de regeneración y de superación de procesos de estrés que cuando son adultas o están en períodos de senectud.

 

Un trasplante debe tener en cuenta estas características y estas maneras de comportarse de las plantas y de sus raíces. Un trasplante elimina de manera radical todo el trabajo que una planta ha realizado durante toda su existencia. Se la somete a una reducción de raíces, a una pérdida de capacidad de alimentación, de reservas, de producción de hormonas y de resistencia a mantenerse fijada al suelo.

Un trasplante es una operación muy delicada y si se aplica en árboles de gran valor debe tener una justificación de mucho peso. Los grandes ejemplares quedan sometidos a un gran daño del que con muchas dificultades se pueden recuperar. Han estado durante años, a veces siglos, respondiendo a unas condiciones ambientales muy determinadas que en unas horas cambiarán drásticamente. Una encina surera de Oporto en menos de una semana laboral puede cambiar de residencia y pasar a vivir a Barcelona.

El éxito de estos trasplantes queda asegurado en dos líneas de actuación. La primera, por el esfuerzo en respetar el máximo posible lo que se conoce como zona de compresión de las raíces. Ésta coincide en la mayoría de los casos con la proyección de la copa del árbol. A veces hay que aceptar un compromiso entre lo que se debería hacer y lo que técnicamente se puede hacer. En estos límites es dónde se conoce a un buen profesional. La segunda, de más importancia si cabe, de la calidad del seguimiento y el mantenimiento posterior del árbol trasplantado. Decir que un árbol intervenido de esta manera debería seguirse siempre, lógicamente con diferentes intensidades de atención, pero cuantos más años tenga el ejemplar, más años de seguimiento se deben realizar. Pensemos, para entender esto, en el tiempo que un olivo trasplantado de 500 años puede tardar en recuperarse de la pérdida de las raíces que tenía.

 

En los trasplantes de grandes ejemplares somos partidarios de que, si éstos tienen un gran valor, se deberían supeditar todos los otros factores o bienes a su valor. Es decir, mirar de cómo se puede evitar su trasplante. Si salvar un gran ejemplar comporta sacrificar los atributos que lo hacen singular al final lo acabamos perdiendo al perder su singularidad y muchas veces las intervenciones también acaban con lo que llamamos su ‘dignidad de especie’. Vivirá durante un tiempo y es cierto que hemos salvado un ser vivo pero hemos perdido un gran árbol que ya no podrá recuperarse y no valdrá la pena mantener. Este proceso pasa más veces de las que se desearía y se conoce con el nombre trasplante ‘TP’: el trasplante político. Una gran inversión para evitar las críticas de la sociedad y una actuación que destruye el valor del árbol y a medio plazo acaba con la muerte del ejemplar.

Somos partidarios de actuar a favor de la naturaleza y de buscar actuaciones mucho más sostenibles. Si la única solución pasa por un trasplante entonces no se deben escatimar conocimientos, experiencias, energías e inversiones para realizarlo de una manera correcta y viable.

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2018-05-30T14:12:31+00:00 enero 23rd, 2018|Curiosidades jardinería|Sin comentarios

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