El invierno, un momento clave de selección natural

¿Es el invierno un periodo en el cual se frena la vida o es una estación necesaria para su renovación?

El invierno es una época especial en la que todo parece ralentizarse o detenerse. Esta sensación se acentúa cuando llegan las nevadas y los paisajes blancos se perpetúan durante algún tiempo. Con la niebla y las nubes los colores parecen deslucirse y la luz se hace más fugaz y de sombras más alargadas. Los paisajes naturales guardan silencio, algunos animales han emigrado en busca de mejor tiempo y otros hibernan o se esconden para resistir este periodo tan exigente.

Muchas plantas necesitan una prueba de resistencia para poder germinar en primavera

Pasa algo parecido con la continuidad de la vida en los frutos de muchas plantas, los cuales darán paso a las semillas, inicio de las nuevas generaciones, que se prepararán durante los meses de frío para que al llegar la primavera germinen de manera sorprendente.

El boj, el ciprés, el acebo, los arces, los cerezos, el árbol del amor, el nogal, el almendro, los abetos, los cedros, el madroño, las secuoyas, el endrino y muchos más, necesitan que sus embriones en forma de semilla pasen meses por debajo de los 4 grados para poder germinar. Es un proceso que, entre otras cosas, los seleccionará para su hábitat, El invierno es un examen definitivo sobre su idoneidad. A esta prueba de resistencia se la llama latencia de la semilla, y al proceso artificial que se practica para despertar a los embriones de estas semillas se le conoce con el nombre de estratificación en frío.

Si dudamos sobre qué semillas deben pasar la prueba del frío basta con observar la naturaleza y fijarse en el momento en el que planta madre las deja caer al suelo y cuando las semillas hijas germinan o nacen. Las semillas que pasan el invierno fuera del amparo de su planta madre para progresar necesitan pasar frío.

¿Se mueren los insectos después del verano o resisten al invierno? La historia de una avispa ‘domesticada’

No sé si alguna vez os habéis preguntado si los insectos hibernan, se refugian o mueren en invierno, y cómo lo hacen para reaparecer en primavera después de desaparecer durante meses. Durante el año pasado dejé que un nido de avispas (Polistes gallicus) perdurara en mi terraza. Fue una oportunidad de observar su evolución y de aprender de la naturaleza. Yo no molestaba a mi avispa y ella y su descendencia tampoco se metían en mis asuntos.

Después de la construcción del pequeño nido, que terminó a finales de abril, en poco más de un mes nació la primera generación de trabajadoras-cazadoras. Éstas fueron el fruto de los cuidados en solitario de mi avispa ‘domesticada’ por sus larvas. Era una generación de hembras que recompusieron y aumentaron en algunas celdas el nido y estuvieron buscando alimento para las siguientes en nacer. A partir de entonces las siguientes en nacer tendrían un mayor tamaño por haber en el campo y en la naturaleza muchos más recursos. A finales de verano mi fundadora, la reina del nido, puso unos huevos especiales de los que sólo fecundó algunos. A principios de septiembre pude ver todas las cámaras vacías y toda la colonia de avispas sobre el nido. Al poco, una mañana me di cuenta de que todas se habían marchado. Me pregunté si lo habían hecho en grupo o separadas, el por qué y a dónde, y qué pasaría con ellas durante el invierno.

Después aprendí que las trabajadoras estaban al final de su vida, que morirían, al igual que la antigua reina y que los recientes machos. Estos últimos, procedentes de los huevos que no fueron fecundados, durante su breve vida tendrían la misión de encontrar en las flores de otoño a las futuras reinas y fecundarlas. Éstas, escondidas en algún refugio, serían las únicas en intentar pasar el invierno para que después del letargo y en solitario, iniciar un nuevo ciclo. Los fríos y la dureza de la nueva estación seleccionarían a las más fuertes o a las más preparadas para la zona. Así, mi avispa ‘domesticada’ era una heroína y todo su esfuerzo durante la primavera y el verano estaba encaminado a asegurar la supervivencia de su especie.

Diversas estrategias para sobrevivir a un duro invierno

Al igual que las avispas y las hormigas, que sobreviven al invierno escondidas como adultas en diapausa o hibernación, podemos citar también a las mariquitas y a las crisopas, dos especies muy útiles contra plagas como el pulgón, la mosca blanca o los trips. Estos últimos son muy pequeños, recuerdan a un helicóptero por tener cuatro alas y son la pesadilla de los viveristas del Maresme. Hay otros que, aunque pasan el invierno como adultos, se trasladan a zonas más cálidas para asegurar la especie, aquí citaremos a la mariposa almirante y a la monarca de la que conocemos sus vuelos migratorios.

Pero hay muchas otras estrategias de supervivencia o de aprobar este duro examen, muchos insectos lo hacen en forma de huevo, como los pulgones, los ácaros, las arañas, los saltamontes, las cucarachas y muchos escarabajos.

Los perforadores de la madera lo superan en forma de larvas, ya que están protegidos en sus galerías y también los que se esconden en el suelo, como las típulas del césped. La supervivencia como crisálidas, momento de parada y transformación de larva a adulto, la hacen los grillos, muchos perforadores de hojas, lepidópteros como la mariposa de la col, el gran pavón y la mariposa esfinge, que es famosa por su mancha en forma de calavera.

Para todos los animales y para muchas plantas el invierno es un momento clave de selección natural, es el examen de idoneidad que cada año prepara la naturaleza de nuestras latitudes. El invierno es para ellos el cerrar de una etapa, con una espera latente que será dura pero necesaria para que los más fuertes y preparados sigan emergiendo, brotando y poblando de nueva vida la siguiente primavera.

Manel Vicente Espliguero

Paisajista

2020-01-30T10:40:07+00:00 enero 29th, 2020|Prensa|Sin comentarios

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