La primavera es una celebración

La primavera es una celebración

La primavera, ajena a todo lo que está sucediendo o por encima de todo, ha empezado a llenar los espacios, ahora vacíos de gente, de aromas, colores y promesas de bonanza. Y es que, pase lo que pase, la primavera es una estación que no podemos dejar de celebrar.

Si buscáramos los orígenes de esa oda a la primavera, lo tendríamos que buscar en lo profundo de nuestro ser, ya que los recelos más instintivos de un mundo difícil y enemigo, dominado de nieves y fríos perpetuos, los vivieron nuestras primeras generaciones durante las últimas glaciaciones, y por ello han quedado grabados en nuestros genes. Los ciclos estacionales de la naturaleza con el final del invierno y el inicio de la primavera suponen para todos los hombres la recuperación de la gracia de estar gozando del jardín perdido del Edén.

Por todo ello, se comprende que existan infinidad de fiestas y festivales que celebran la llegada de la bondad de la naturaleza, de la primavera. Citaremos en este artículo algunas de ellas, de nuestro entorno más cercano y también de otros lugares del mundo.

Celebrando la primavera bajo frutales en flor

Una de las celebraciones que en los últimos años en occidente tiene más visibilidad es el Hanami de los japoneses, donde podemos ver numerosas familias comiendo sobre manteles bajo las flores de los cerezos. Cada año los meteorólogos van anunciando el pronóstico de su floración, que comienza en las islas del sur y que va recorriendo el país hacia el norte.

Visita obligada en España es el maravilloso Valle del Jerte en Extremadura. ¡Tiene más de un millón y medio de cerezos! En Cataluña podéis visitar Aitona, en Lleida, un municipio espectacular durante la primavera donde miles y miles de melocotoneros y otros frutales se muestras florecidos y espectaculares en numerosos campos de cultivo.

Bailando la primavera en la Feria de Abril

Otra fiesta relacionada con la primavera es la conocida Feria de Abril de Sevilla, donde alrededor de medio millón de personas acuden a las casetas y a la fiesta. Ellos van ataviados con sus trajes de corto y ellas se visten de flamencas, con sus rosas y claveles. A la feria todos llegan a pie o en sus caballos y carretas. Como curiosidad saber que inicialmente, en 1846, fue una feria de ganado organizada a iniciativa de un catalán, Narcís Bonaplata, y de un vasco, Jose Maria de Ybarra, afincados ambos en la ciudad de Sevilla.

Iniciando el año con la primavera

La primavera tiene tanta fuerza en la humanidad que muchas culturas hacen coincidir su calendario anual con su llegada. Los chinos celebran su inicio de año en la medianoche del primer día de luna nueva entre el solsticio de invierno y el equinoccio de la primavera. Para ellos, el inicio de año es la Fiesta de la Primavera y las celebraciones acaban quince días después con el día del Festival de los Faroles.

Durante los mismos días los tailandeses celebran la Fiesta del agua y también aquí comienza el año. En sus orígenes se mojaban las estatuas de Buda y a la gente más anciana para lograr bendiciones y purificarse de las propias faltas. De esta manera se comienza el año y la nueva época de lluvias, libres de malos espíritus. Hoy se ha convertido en una fiesta en la que, además de religiosa, todos se echan agua en una gran guerra campal.

 

Encendiendo hogueras con la primavera

Las fallas de Valencia también están relacionadas con el fin del invierno. Los carpinteros de la ciudad, en vísperas de la festividad de su patrón Sant Josep, quemaban delante de sus talleres, en la calle o las plazas, elementos de madera que, ya sin uso, les habían servido de soporte de candiles para iluminarse durante las largas noches de invierno. Se cerraba un ciclo y se entraba en un período mucho más alegre y positivo. Más adelante estas pilas de madera se llenarían de intencionalidad con arte, sentido crítico e irónico de los hechos sociales del año.

Relacionado con la luminosidad y el crecimiento de las horas de luz en el norte de la India, en Nepal o Sri Lanka se celebra la fiesta de Holi, un festival de colores. La gente, acabado el invierno y coincidiendo con la última luna llena del mes, se arrojan unos a otros agua teñida de colores y polvos de las tonalidades más intensas y variadas como símbolo de la felicidad por la llegada de la primavera. Es una fiesta de liberación, alegría y felicidad, pero también religiosa, pues durante la noche anterior se encienden hogueras para celebrar el triunfo del bien sobre el mal.

Comiendo calçots con la primavera

Otra fiesta que coincide con la llegada del buen tiempo, aunque se está extendiendo en meses y lugares, es la de la Calçotada. Inicialmente se inscribía a la zona de Valls, pero hoy podemos encontrar calçots en toda Cataluña y también en el extranjero.

Hace unos años en un yacimiento arqueológico romano de Hungría se descubrió una pintura que muestra un esclavo romano comiendo puerros servidos en un plato y manteniendo la postura típica que todos hemos practicado alguna vez. Estas cebollas tiernas y aporcadas o calzadas se cocinan al fuego sobre sarmientos recogidos de la poda de las viñas que se ha realizado a la salida del invierno. Las calçotades son siempre una oportunidad para la alegría, el encuentro y la reunión familiar.

Llenando de flores las calles con la primavera

De ferias relacionadas con las flores y las plantas, mucha de ellas coincidiendo con la llegada de la primavera y el auge de los jardines, tenemos el Chelsea Show en Londres, en la que se exponen todas las novedades jardineras de la temporada, o bien el Temps de flors de Girona, en la que la ciudad se engalana de minijardines exteriores e interiores con propuestas muy artísticas y conceptuales que siempre vale la pena visitar. La fiesta de los patios de Córdoba, a principios de mayo, donde se pueden visitar espacios llenos de flores y de color, jornadas que a la vez se complementan con conciertos y música en vivo, tapas y cocina cordobesa. Para acabar de citar fiestas encontramos en mayo la dedicada al patrón San Isidro Labrador, en Madrid, fiesta de homenaje a un labriego, curiosamente en la ciudad más urbe y populosa de la península.

Durante estos días, es costumbre comer rosquillas del santo, las llamadas ‘listas’ recubiertas de azúcar, y las ‘tontas’ sin recubrir, y también merendar cerca del río, siguiendo la tradición, en la llamada Pradera de San Isidro, escena que inmortalizaría Goya en uno de sus cuadros.

La llegada de la primavera nos activa a todos, ya que en ese momento la naturaleza nos acompasa y nos sintoniza con sus ciclos y nos anima a renovar nuestras actividades y a gozar de sus regalos. ¡Aunque sea observándote desde lejos, aunque sea esperando disfrutarte, expectantes, seas siempre bienvenida Primavera!

Manel Vicente Espliguero

Paisajista

2020-03-25T12:40:03+00:00 marzo 25th, 2020|Curiosidades jardinería|Sin comentarios

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